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Dejábamos a nuestro héroe más o menos recién llegado a USA, con una maleta desaparecida en combate y acabando de haber sido tangado. Para resumir un poco, el tangazo consistió en que los de la aerolínea llamaron a la casa a las once y pico de la noche para avisar de que la maleta estaba a punto de llegar. A Mercy, mi casera, le pareció una buena idea que la esperase fuera (por lo visto te la dejan en la puerta si no). Long story short, allí que me bajo, pasan dos horas y la maleta ni estuvo ni se la esperaba. Cerca de las dos tiro la toalla y me subo a acabar el post y dormir… y la maleta llega a las cinco y media de la mañana 🙁

Como os podéis imaginar, no fue una noche ideal con respecto a mi descanso, pero a las nueve de la mañana o así (os hablo del día de ayer) andaba ya en planta porque la claridad entraba como un tsunami por la ventana. Me dediqué a merodear un rato con cosas varias (arreglar la maleta recién hallada, leer emails…) hasta que Antonio, mi jefe, se levantó por fin. Pasé el día en Washington DC, ciudad francamente impresionante; volveré a menudo, porque está como a una hora o así de aquí, y está orientada a pasar el día paseando por el National Mall o paseando por los enormes museos Smithsonian. Hartos de dar vueltas, y mojados por una tormenta tropical que apareció de forma repentina, nos retiramos a un Boston Café a comer y volvimos a casa.

Hoy he ido a NIST a conocer a mi jefe, Shelley Wiederhorn. Es una persona absolutamente encantadora y ya estoy deseando empezar el trabajo con él 🙂 El centro es verdaderamente fantástico, pleno de medios y de superclases científicos sonrientes. He comido allí en la cafetería, que no tiene mala pinta (cosas curiosas: te montas tu propia ensalada y te la cobran por peso), me he ido después a buscarme una tarjeta de teléfono móvil estadounidense (¡ya tengo un número de USA!… aunque aquí los muy simpáticos te cobran por recibir las llamadas, además de por hacerlas) y a comprar libros.

Me detengo aquí para decir que es una suerte, entre comillas, que Antonio se vaya mañana y se lleve su flamante coche alquilado de vuelta al aeropuerto. Ahora mismo, gracias a él hemos pasado por montones de malls, sitios donde invertir una fabulosa cantidad de dólares; me estoy dejando un dinero bastante curioso en compras varias. Hoy ha sido el día de los libros; he estado en dos librerías, Borders y Barnes&Noble, y he comprado unas cuantas cosas. Entre ellas, la que más me gustan no son libros: un par de mapas de Washington DC para futuras visitas y… un UNO de South Park 😀

En fin, entre libro y libro, Antonio y yo hemos quedado con Shelley y su mujer, también encantadora. Y aquí, a seis mil kilómetros de casa, ¿dónde quedar con una pareja americana para cenar? Pues en un bar de tapas español, por supuesto, el Jaleo. Más allá de la ironía del destino, el sitio ha estado sorprendentemente bien; las tapas estaban muy ricas, y casi al final de la cena, mientras hablábamos de la Feria y otras costumbres patrias, hete aquí que empiezan a sonar unas sevillanas y salen dos bailaoras, una de ellas con palillos y todo. Las cosas de la vida.

Bueno, se acercan las doce y ya va siendo plan de acostarse. Como veis mi cámara parece sana, así que ya os iré poniendo más fotitos. Un abrazo a todos!