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Amapolas Torcidas

Otros amigos

Y os recomiendo...

La nieve de Junio [Traducción: Save the Best for Last, de Vanessa Williams]

A todos nos suena la historia. Hay veces en las que la línea entre el amor y la amistad es tan delgada que dos personas, aunque estén estrechamente unidas, acaban encontrándose cada una a un lado de ella. Los motivos son muy variados, y en muchas ocasiones no tienen que ver con que falte esa chispa mutua: tal vez alguno de los dos ya tiene pareja, o entre ambos han construido una amistad tan estrecha que temen que un no, uno de esos noes que, como dice el poeta, niegan más que quieren, la ponga en riesgo. Sea como sea, el tiempo va pasando y esa asimetría permanece; una asimetría que es especialmente dañina porque las confidencias que comparte el uno únicamente le hacen daño al otro.
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Gentes y gobiernos (#flotilla)

Imagen de Eneko

Imagen de Eneko

Aunque para buena parte de los europeos los americanos tienen fama de catetos ignorantes, una de las conclusiones básicas de mis estancias en USA es que, en realidad, este estereotipo —buscando paralelismos locales— no es más cierto que el del andaluz vago o el del español que va al trabajo en su caballo y ataviado con su sombrero cordobés. Haberlos haylos, pero también hay muchísimos otros que son leídos, inquietos, liberales, viajados, solidarios, preocupados por los derechos civiles y por el progreso; en general, todas esas virtudes que definen a los “ciudadanos del mundo” en esta época nuestra. También yo tuve la suerte de caer en un entorno en el que este era el tipo de persona predominante, pero sí es cierto que no hay nada como conocer a la gente, como ver sus actos de primera mano, para que se caigan muchas de las vendas que, deliberadamente o no, llevamos sobre los ojos. Leer más »

Red de deriva

Red de deriva

 
Si lo llamamos red tal vez mintamos
menos de lo que mienten otras muchas palabras,
tal vez sea mejor forma de definir la aurora
que nos enreda y vence, que nos sostiene y nutre.

Si olvidamos las horas que acompasan
el lento disolverse de una piel en la otra,
si de pronto dejamos de sernos necesarios,
se quedarán vacíos el mar y este silencio.

Pero entre las paredes que nos mecen
nada escapa al abrazo del cáñamo trenzado,
y juegan nuestros brazos a perseguir la noche
que nos empuja ciega con este eterno arrastre.

Sí: llamémosle red a este misterio
de ser como la arena, como el aire y el agua,
igual que aquellas cosas que fluyen sin esfuerzo
y, más que la atadura, ven sólo la caricia.

26-27 de mayo de 2010

Volátil


Yo te miro celoso, vigilante
de cada gesto tuyo,
cada objeto que tocas y conviertes en lluvia,
mientras pienso en tu sombra,
el vértigo que siento ante tus párpados
o el hueco que tus sueños me dejan en la almohada.
— “El encuentro”
 
El hueco que tus sueños me dejan en la almohada
me habla de cada línea que no te escribí nunca,
de meses que pasaron en tu búsqueda cíclica,
de pérdida y fracaso, de calidad de sombra.
 
La esquina que aún ocupan tus desnudos ausentes
vibra y pulsa rebelde bajo telas de araña,
sin un solo asidero, tan ajena a mis manos
como hierba marchita que ya no será bosque.
 
Tal vez no sea momento para reconocerme
en el molde de forja de todo lo que fuiste,
en la escena sin rumbo que tu falta dibuja.
 
Pero asomarse al borde prohibido del pasado
cuando sólo la piedra recibe mis caricias
es un desliz que a veces me perdona la noche.
 
18 de abril de 2010

La belleza en mi interior [Traducción: City of Blinding Lights, U2]

Esta canción, una de mis favoritas de U2 (si no la que más), va para Dani y Alejandra. Porque se van a la ciudad de la luz cegadora, porque se echan de menos cuando no están juntos, para que el tiempo no les fuerce a crecer y para que nunca dejen de ser tan hermosos como anoche. ¡Felicidades!

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La ruta del día

Mi noble corcel.

Mi noble corcel.

Hoy he aprovechado el buen día que hacía y me he bajado a dar una vuelta, que siempre está bien tomar el aire :P En principio el plan era salir al río a leer un rato y a echar fotos. Al final, aunque he acabado por no ponerme a leer (ahora me pondré un ratillo antes de acostarme con The Girl who Played with Fire), sí que he explotado bastante la cámara (una EOS 350D obtenida a muy buen precio :P ), que todavía tengo en proceso de rodaje, y he tirado bastantes millas (17 km, para ser exactos, aunque, claro está, me los he hecho en bici). Leer más »

Delta

Te pido que me dejes comprenderte
e intentes comprender lo que pretendo.
Sabes el nombre de lo que me mueve.
— “Ven” [Sobre las Aguas]

Sabes el nombre de lo que me mueve
y sabes que no ofrezco demasiado;
pero también que no me guardo nada
y que me arrojo a ti sin más reservas.

Sabes que existe un pulso que nos une
y que repite al cielo nuestros nombres,
tan simple como absurdo, inconveniente,
pero, a pesar de todo, inevitable.

Contigo soy tan frágil como el hielo,
como la hoja prendida del otoño,
y vengo a que me cuides o me rompas
con el filo herrumbroso de tu olvido;

igual que la marea que me circunda,
con el roce más leve de tus dedos
puedes bañarme en cálidas bahías
o impulsar la galerna destructora.

Me sumerjo en el mar para esperarte,
abjuro de nadar y de la costa.
Sabes el nombre de lo que me mueve:
dependerá de ti si creo en el agua.

1 de abril de 2010

Por palabras

Por palabras

(Poema sobre ruedas)

Tú: si eras tú la chica
que subió al autobús hace unos jueves,
una tarde, en el campus de Cartuja;
si bajaste tal vez en Nervión Plaza
—yo lo hice dos o tres paradas antes—
y si eras la que estaba
hablando de esa fiesta a la que ibas
y de cómo volvías
el Viernes a tu casa para el fin de semana:
yo era ese que no hacía
nada más que mirarte
con mi cara de tonto y con las ganas
de arrancarte siquiera
una sonrisa.

Después de dos semanas
de dibujar tu sombra en cada esquina
pensé ya estar curado de tu imagen;
pero hoy he estado tres cuartos de hora
capeando el diluvio en Plaza Nueva
y en vez de andar rogando que escampara
tan solo quería verte subir las escaleras,
hermosa y sin paraguas
con el pelo mojado, y que vinieras
a compartir escalinata y frío.
El repicar del agua en cada charco
me repetía tu nombre:
ese que no conozco y sin embargo
me será familiar en cuanto oiga.
Sin ti la lluvia no tiene sentido
y por eso te mando este mensaje.

Llevabas tu camisa
a cuadraditos (negro, azul marino),
una pulsera hecha de colores redondos
como quien ha ensartado Lacasitos,
hablabas con tu amiga
con ganas de adoptarla como propia
y cuando te alejabas en tu asiento
—más o menos al centro del C1—
sentí que te llevabas un hilo de mi ropa.
Si esto llega a tus ojos, no dudes en llamarme.
Tal vez
tengamos algo
de que hablar.

29 de marzo de 2010