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Amapolas Torcidas

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Y os recomiendo...

como el tío de La Terminal…

Pos eso, que estoy como el tío de La Terminal. Estoy en el JFK, llevo aquí desde hace once horas o así, y todavía me quedan unas cuantas hasta que no pueda, por fin, besar el suelo jamaicano…

Os recapitulo mis aventuras hasta ahora:

La parte española más o menos bien, llegué a Madrid sin problemas, a las doce o así ya estaba en el aeropuerto y había facturado y todo. Recuerdo que mi plan de vuelo era Madrid-NY, 10 horas de transbordo en el JFK, La amable señorita del mostrador me dice que no puede facturarme hasta mi destino final (Montego Bay, Jamaica), sino que sólo hasta Miami y que allí tengo que re-facturar. Y que en Nueva York tengo que pasar aduanas, así que tengo que recoger y re-facturar también allí el equipaje. Vamos, un peluseo.

Total, que después de un vuelo largo y duro, en el que apenas pude pegar ojo, llego al JFK más o menos según lo previsto (un poco más tarde debido a la climatología). Llega el momento de pasar inmigración y ¡bien! empieza la diversión:

Una vez le doy mi pasaporte y mis formularios al amable agente de inmigración, me doy cuenta de que algo no va del todo bien cuando me pide que me quite las gafas para hacerme la foto. Total, que me lleva a una sala anexa al control de equipajes, donde le da mi pasaporte y demás a otro nota y me dice que tome asiento.

Al rato, hablo con el susodicho (que, dicho sea de paso, se portó bien conmigo) y me dice que mi problema es que tengo un nombre muy popular (!), y que por lo visto andan buscando a alguien que se llama como yo. Que no cree que tuviera problemas (luego me enteré de que, de hecho, mi cara y la del “buscado” no tenían nada que ver), pero que la orden de “liberación” se tiene que dar desde Washington, y que podrían tardar bastante tiempo.

Total, que veo que la gente sale y entra de la sala más o menos rápido (la media de tiempo de comprobación de esto del pasaporte sospechoso diría que estaba en 5-10 minutos, algún caso extremo media hora), pero pasan 10, 15, 20, 30 minutos y a mi nadie me dice ni mu. Más o menos a esa altura el agente me dice que si quiero coger las maletas. Había facturado dos bultos: un maletón y un tubo de plástico con el póster que llevamos al congreso dentro. La maleta aparece, pero, para redondear, el póster no. Me dicen que, como estaba facturado a Miami, que lo reclamase allí cuando llegara y que ellos me lo mandarían a mi hotel en Jamaica si acaso.

Sigue pasando el tiempo y cuando, hora y media después o así, la sala se queda totalmente vacía (salvo por mí) después de que hubieran pasado 20 o 30 personas para el chequeo de los pasaportes, empiezo a preocuparme seriamente.

En resumen, que más o menos me tuvieron dos horas. Dos horas perdidas (me hubiera puesto a trabajar en mi presentación, pero no podía usar el portátil). Al final nada, por supuesto, pero la verdad es que estaba preocupándome bastante. No por hoy en particular, sino más bien porque a la vuelta también tengo que pasar por el JFK y, como me retengan otra vez en el control, voy a perder el vuelo de Heathrow.

Total, que salgo a la terminal a las cuatro hora española, diez de la noche hora local. Me arrastro hacia aduanas y me encuentro con el mismo tipo que me mandó para la sala de “torturas”. No sé si se sentiría culpable o algo, pero me deja pasar sin mirar el formulario de aduanas siquiera. Muy ufano me dirijo a la cinta para re-facturar equipajes, y allí me dicen que nanay de la china, que no pueden dejarme las maletas allí por la noche (mi siguiente vuelo salía a las 5.45 de la mañana), y que las facturase directamente en la terminal de salida por la mañana. Me pregunta la tipa “¿dónde te quedas esta noche?” Yo: “la verdad es que no había pensado quedarme en ningún sitio”. Ella: “pues esta terminal la cierran por la noche, la única que se queda abierta las 24h es la 4”. Genial, vamos.

Total, que apuro el tiempo que puedo en mi terminal y me voy para la 4 antes de que me echen. Por el camino, pregunto a todo el que se pone por delante por la hora a la que abre la terminal 8, de la que salía el vuelo de Miami. Nadie tiene ni puñetera idea. Uno me dice que sobre las tres y media o cuatro parece razonable, teniendo en cuenta que tengo un billete para las 5.45. Así que me voy a la T4 (jurjur) y se me pasa el tiempo entre dando cabezazos y trabajando en la presentación.

La última hora y media hasta las 4 de la mañana se me hace eterna, de modo que en cuanto dan las 4 me cojo el trenecito interno del aeropuerto para ir a la T8. Mi lógica es que a esa hora ya estará abierta la terminal y así podré, por lo menos, librarme de empujar la maleta cuanto antes. Llego a la T8 y, efectivamente, está abierta y mi vuelo tiene puerta de embarque asignada y está “on time”. Guay del paraguay, porque encima tengo ya la tarjeta de embarque y sólo tengo que mandar el equipaje.

Por resumir un poco, entre vueltas y colas pasa una larga hora hasta que por fin me atiende alguien, y la conversación es, a grandes rasgos, la siguiente:

yo: “Hola, tengo un vuelo para Miami a las 5.45, ya tengo mi tarjeta de embarque pero tengo que re-facturar el equipaje y bla, bla, bla”.
ella: “a ver… 5.45? es demasiado tarde, no puedes ir ahí, ese vuelo está ya cerrado”
yo (incrédulo): “ya cerrado? pero si son las cinco, quedan tres cuartos de hora, y ya tengo la tarjeta de embarque”
ella: “las cinco? qué va, son las seis de la mañana, esta madrugada ha sido la del cambio de hora… No has sido el único, de hecho yo he llegado tarde a trabajar…”

Por ponerlo en perspectiva: Llevaba siete horas haciendo tiempo en una terminal desierta (mas las dos horas de inmigración) porque teóricamente el resto del aeropuerto estaba cerrado, alimentándome a base de botellas de 33 cl a $2.50 y cosas similares, y acabo perdiendo un vuelo doméstico para el que ya tenía tarjeta de embarque y todo (y para el que, en teoría, había llegado 1 hora y 45 minutos antes a la terminal) por quince minutos.

Lo que dije en aquel momento no lo recuerdo exactamente, pero la expresión de desesperación (totalmente sincera, por cierto) debió ser de tal calibre, que la tipa me buscó un vuelo nuevo, que va directamente a Jamaica sin pasar por ningún otro lado, y que sale a las 12:25 de la mañana. Es decir, a las 17:25 hora española. Es decir, cuando lleve ya más de 19 horas en este bendito aeropuerto.

A la tía le tengo que hacer un monumento, por supuesto (y bien que le dije que me había salvado la vida), pero todavía queda otra cosa, queridos amiguitos: la maleta perdida.

Tras darle las gracias efusivamente, le digo a la amable señorita que tengo que ver qué pasa con la maleta. Como ve que es una situación un poco enrevesada (recuerdo que, en origen, está facturada hasta Miami, aunque tendría que haber pasado aduanas aquí en el JFK), me dice que baje a hablar con los de control de equipajes a ver qué me cuentan.

Conversación con los de control de equipajes:

yo: Hola, he perdido una maleta y bla, bla, bla.
ella: Si no te aparece la maleta, tienes que hacer la reclamación en el destino final. Normalmente la meten en el siguiente vuelo y a veces puede que llegue incluso a la vez que tú, aunque no haya aparecido aquí en Washington.
yo: Entonces tengo que hacer la reclamación en Jamaica, ¿no?
ella: Si es tu destino final sí.
yo: Es que la de facturación en España me dijo que no podía facturar la maleta hasta Jamaica y que tendría que refacturarla en Miami, así que la maleta está facturada hasta Miami.
ella: Hmmm, como te han cambiado el vuelo, seguramente lo habrán actualizado automáticamente y la maleta llegará hasta Jamaica directamente. Es posible que te la encuentres allí en la cinta, y si no tú reclámala allí.

Es decir, que si esta buena señora tiene razón, mi maleta perdida llegaría a Jamaica sin haber pasado aduanas, dándose cuenta ella solita del cambio de vuelo y sin que yo la haya tenido que refacturar en el camino. Tres cosas teóricamente imposibles. No fue una intervención muy tranquilizadora ni convincente.

Así que aquí estamos. Llevo bastante más de 12 h en el aeropuerto y lo que me queda, y en las últimas 48 horas he dormido apenas 2 o 3. Voy a llegar más tarde a Jamaica y seguramente lo haga sin el póster. Delicioso todo.

Resistir es vencer. Como he pagado para tener internet (sobre todo para poder avisar al que me tenía que recoger en Jamaica, aunque de paso ya veo cómo quedó ayer el Madrid :P), aprovecho y os cuento todo esto para que sepáis que sigo vivo y que todo me va tan desastrosamente como de costumbre.

Besos a todos!!